EL DISCURSO DEL PRESIDENTE…

El discurso del Presidente

Por: Mónica Fragoso Maldonado

Los discursos de odio a lo largo de la historia han generado mucho problemas debido a que enfrentan a los miembros de una sociedad, generan en las personas actitudes de segregación y sobre todo, generan violencia, además de crear bandos irreconciliables entre las personas.

Para realizar un análisis exhaustivo de las consecuencias, primero tenemos que saber qué se entiende por discurso de odio. Pues bien, un discurso de odio se compone de todas aquellas expresiones y manifestaciones que incitan a la intolerancia, se basa en argumentos que adoptan diversos niveles de gravedad, desde manifestaciones difamatorias, hasta discursos que llaman a la violencia. Se ampara en la “supuesta” libertad de expresión, que por cierto no es absoluta, sino limitada cuando ésta ataca otros derechos (honor, igualdad, dignidad de la persona, etc.).

El uso de este tipo de discurso casi no encuentra obstáculos, permea rápidamente debido a que sus difusores normalmente no se les sanciona, además ha encontrado una tierra fértil en las redes sociales, pues generalmente se oculta en el anonimato.

Los elementos del discurso de odio son prejuicios, estereotipos, que por su simplicidad y repetición calan hondamente en la población en general, sobre todo en un contexto de crisis económica y social.

Este tipo de discursos llevan a aprender uno o varios perjuicios que generan discriminación, de la discriminación pasan a la persecución, de la persecución al exterminio; basta analizar la historia que nos ha dejado el siglo XX donde han existido dictadores y genocidas, pues no podemos olvidar que este tipo de sistemas generan fanáticos que reproducen este tipo de narrativas, además hay que considerar que el liderazgo que surge de una sociedad enfrentada terminará siendo un factor de división entre “buenos y malos”, cuando lo mejor es una sociedad es que existan matices o pluralidad de pensamientos que nos ayudan a construir una democracia mejor; por todo ello te invito a la reflexión, en verdad ¿vale la pena permitir que en nuestro México siga existiendo este tipo de acciones que lejos a ayudar nos han dividido y enfrentado?

Hay que ser críticos, pero abrirnos a todas las voces y pensamientos, sin denostar a todos los que no piensen como nosotros y aunque estas acciones sean llevadas por quien gobierna al país no podemos caer en un juego que terminará con un mandato, pero la relación entre los ciudadanos permanecerá más allá de un periodo de gobierno.