Callejon Informativo

Información, Opinón y Análisis

Callejón Informativo
Por: José Alam Chávez Jacobo

 
– El PRI y Peña Nieto harán valer su fuerza en los comicios locales del 2012

– Por eso la oposición debe evitar candidatos reciclados y perdedores

– Se repetirá escenario del año 2000

– Aún cuando son condiciones similares

– Fox animó un efecto ciudadano digno de diversos estudios

– El ex Gobernador mexiquense es un elemento construido en números

La oposición al PRI en el Estado de México está obligada a mandar a la próxima contienda electoral a figuras realmente posicionadas, cuyo perfil se antoje renovado, dejando a un lado el reciclamiento de figuras que en otro momento fueron rechazadas por el electorado, pues de lo contrario seguirán experimentando fracasos irreversibles.
 
Y es que la figura de Enrique Peña Nieto, quien se perfila como el próximo candidato presidencial del Revolucionario Institucional, le abonará importantes dividendos a quienes sean postulados por la alianza PRI-PVEM-PANAL, en municipios claves del escenario estatal, incluso en poblados donde jugó un papel similar la imagen de Vicente Fox Quezada en el año 2000.
 
Es cierto que el llamado “efecto Fox” no puede compararse con el empuje que representa desde ahora la imagen del ex Gobernador Enrique Peña Nieto, en virtud de que el primero se construyó a partir del hartazgo hacia el PRI, animado por una contundente estrategia de mercadotecnia en favor de un partido erigido en ideales y sectores hasta ese momento considerados tradicionales en la sociedad, como era el caso del PAN, sin olvidar que su principal promesa era impregnar de cambios a un país habido de renovación.
 
En el 2000, Fox Quezada animó la conformación de una estructura compuesta por ciudadanos de diferentes círculos sociales, llamada “Amigos de Fox”, además aglutinó a gente que no estaba conforme con sus estructuras partidistas como el propio PRI o institutos de izquierda, lo que generó un mayor ánimo para cristalizar la alternancia en el gobierno de México.
 
Estos elementos fueron suficientes para que el electorado, en su mayoría encabezado por jóvenes y sectores que tradicionalmente no votaban, salieran a las urnas, llevando a Fox al primer lugar en las encuestas de salida desde el medio día del 2 de Julio, por lo que el entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, se vio en la necesidad de reconocer el triunfo histórico de un partido distinto al tricolor con lo que convirtió en fortaleza personal lo que en lo práctico se anotó como una franca derrota política en su calidad de militante del PRI.
 
Con el triunfo de Fox, la alianza por el cambio conformada por el PAN y PVEM, arrasó en diversos congresos estatales y alcaldías inimaginables como el caso del Estado de México, donde se alzaron con la victoria en los valles de Toluca y de México, aun cuando sus candidatos no eran tan sólidos, regionalmente, respecto de los que postuló el Revolucionario Institucional.
 
El efecto que se registró en el 2000 fue inédito en el país, por las razones con que se creó la estructura de ese momento y por la condición política personal que se propició Fox para quedarse con la candidatura presidencial de su partido, eliminando todo intento de proceso interno, por lo que se observa muy complicado que en los próximos años pudiera reeditarse una circunstancia similar.
 
El caso de Peña Nieto es simple pero no menos importante, en virtud de que surge; por un lado, a partir de exitosas estrategias de posicionamiento, mientras que el PRI crece de manera paralela como resultado del desencanto social ante un gobierno que en dos sexenios no pudo complacer al electorado, a quien ofreció prosperidad, honestidad, castigar la corrupción de anteriores gobiernos y generar mejores condiciones de vida.
 
Acción Nacional perdió desde el primer sexenio el respaldo del PVEM con quien se alió para sacar al PRI de Los Pinos, de ahí paso a la complicidad con actores identificados con ese tricolor no grato para la clase popular, la generación de riqueza en personajes cercanos a la familia presidencial, como los hijos de Martha Sahagún y trascendieron los excesos de más de un panista que años atrás se dio baños de pureza.
 
Mientras tanto, el PRI –partido- esperó el desgaste del PAN-Gobierno, así como los desaciertos de un segundo gobierno de derecha,  en tanto que Peña Nieto aprovechó su propia circunstancia enfocando las baterías en una administración mediática, dinamizando la caída de una oposición habida de pelearse pequeños espacios internos, como resultado de las derrotas electorales que iba experimentando en términos de diputaciones y alcaldías.
 
Hay que ser claros que hasta el momento la figura de Enrique Peña no anima ningún efecto ciudadano digno de estudios precisos como la alternancia lograda por los mexicanos en el 2000, pues las razones de su surgimiento en nada se comparan con el grito generalizado a favor del “cambio” y primordialmente porque es arropado por la “unidad” del PRI y una estructura identificada de gobernadores, así como de legisladores y alcaldes, a quienes él mismo ayudó a llegar a tales posiciones.
 
Adicionalmente ni se observa una desbandada de gente de los partidos de oposición al PRI para arroparlo y mucho menos se presenta hasta el momento la adhesión de estructuras representativas de la sociedad civil organizada arraigadas y de respeto.
 
El principal elemento que juega a su favor es el rechazo de la sociedad a un rubro específico del actual gobierno: la lucha en contra del crimen organizado que trajo sangre y violencia en demarcaciones que hasta hace varios años se mantenían al margen del escenario cotidiano de estados donde el paso del crimen organizado estaba debidamente marcado, incluso con los nombres de los carteles que los controlaban.

Al ex gobernador mexiquense lo hacen fuerte una serie de encuestas que lo colocan como inalcanzable, como un producto mediático de éxito, logros a partir de contundente exposición mediática y no en razón de otros parámetros medibles en personalidades políticas que han alcanzado dimensiones exorbitantes en Europa o Sudamérica, menos aún es resultado de un efecto ciudadano contundente.

Sin embargo es una realidad que en entidades como la nuestra su fuerza se dejará sentir en municipalidades urbanas como Toluca, Metepec, Huixquilucan, Atizapán de Zaragoza, Naucalpan y Tlalnepantla, mientras que la estructura del priísmo mexiquense sabrá valer el peso de Peña Nieto en las regiones rurales, por lo tanto la oposición debe ir pensando en candidatos realmente competitivos, no rostros medidos en derrotas pasadas.

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